
Hace un rato he terminado una sesión 1:1 de coaching, y esta frase se ha quedado grabada en mi mente. Es lo que tiene el coaching transpersonal, que a veces partes de lo mundano y sale una expresión, una idea o una frase que hace “clic” en tu cabeza y te conecta de forma profunda con algo.
El tema era sobre sentirse culpable cuando no estas haciendo algo “productivo” con tu tiempo, entendiendo eso como estar continuamente trabajando en el trabajo habitual, o en un proyecto personal que el coachee esta desarrollando en paralelo.
Y es que estar en reposo no siempre significa estar parado, porque a veces tomarse un descanso y ver una serie en el sofá, salir con los amigos o ir a algún evento te permite avanzar más que un rato de trabajo intenso.
No en cantidad, pero sí en calidad.
Esos momentos de desconexión (o conexión, según se mire) también enriquecen, calman la mente y pueden inspirarte ideas o sensaciones que conectan con tu personalidad y creatividad.
El coachee se ha dado cuenta de que ha dejado pasar más de un momento que habría sido irrepetible, un plan único, y alguna conexión humana que podría haber sido especial, por no saber parar. Y la frase ha surgido sola.
“La vida está ahí fuera”.
Es muy potente, porque te das cuenta de que tu proyecto, tu trabajo, tus responsabilidades, seguirán ahí después de que salgas a respirar un poco. Y tú volverás con más energía, entusiasmo y serenidad.
Así que he hecho lo mejor que se me ha ocurrido: escribirla y clavarla en el corcho que tengo justo encima de mi mesa de trabajo, para tenerla siempre presente.